Papa Francisco. Foto: ACI Prensa
VATICANO, 27 Oct. 13 / 11:22 am (
ACI/EWTN Noticias).-
El Papa Francisco presidió hoy la
Misa
con ocasión del Encuentro de las Familias, en que más de 150 mil
personas peregrinaron a Roma por el Año de la Fe, y aseguró que “la
familia que vive la alegría de la fe la comunica espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo”.
En su homilía, el Santo Padre meditó sobre “algunas características fundamentales de la familia cristiana”.
La primera, indicó, es “la familia que ora. El texto del Evangelio pone
en evidencia dos modos de orar, uno falso – el del fariseo – y el otro
auténtico – el del publicano. El fariseo encarna una actitud que no
manifiesta la acción de gracias a Dios por sus beneficios y su
misericordia, sino más bien la satisfacción de sí”.
“El fariseo se siente justo, se siente en orden, se pavonea de esto y
juzga a los demás desde lo alto de su pedestal. El publicano, por el
contrario, no utiliza muchas palabras. Su oración es humilde, sobria,
imbuida por la conciencia de su propia indignidad, de su propia miseria:
este hombre verdaderamente se reconoce necesitado del perdón de Dios,
de la misericordia de Dios”.
Francisco subrayó que “la del publicano es la oración del pobre, es la
oración que agrada a Dios que, como dice la primera Lectura, ‘sube hasta
las nubes’, mientras que la del fariseo está marcada por el peso de la
vanidad”.
“A la luz de esta Palabra, quisiera preguntarles a ustedes, queridas
familias: ¿Rezan alguna vez en familia? Algunos sí, lo sé. Pero muchos
me dicen: ¿Cómo se hace? Pero si se hace como el publicano, es claro:
humildemente, delante de Dios. Cada uno con humildad se deja mirar por
el Señor y pide su bondad, que venga a nosotros”.
“Pero, en familia, ¿cómo se hace? Porque parece que la oración sea algo
personal, y además nunca se encuentra el momento oportuno, tranquilo, en
familia… Sí, es verdad, pero es también cuestión de humildad, de
reconocer que tenemos necesidad de Dios, ¡como el publicano! Y todas las
familias, tienen necesidad de Dios: todas, ¡todas!”.
Las familias, indicó el Papa, “necesidad de su ayuda, de su fuerza, de
su bendición, de su misericordia, de su perdón. Y se requiere sencillez.
¡Para rezar en familia se requiere sencillez! Rezar juntos el ‘Padre
nuestro’, alrededor de la mesa, no es una cosa extraordinaria: es fácil.
Y rezar juntos el
Rosario, en familia, es muy bello, da mucha fuerza”.
“Y también rezar el uno por el otro: el marido por la mujer, la mujer
por el marido, ambos por los hijos, los hijos por los padres, por los
abuelos… Rezar el uno por el otro. Esto es orar en familia, y esto hace
fuerte a la familia: la oración”.
A continuación, el Santo Padre señaló que “la segunda Lectura nos
sugiere otro aspecto: la familia conserva la fe. El apóstol Pablo, al
final de su
vida, hace un
balance fundamental, y dice ‘He conservado la fe’. ¿Cómo la conservó? No
en una caja fuerte. No la escondió bajo tierra, como aquel siervo un
poco perezoso”.
“San Pablo compara su vida con una batalla y con una carrera. Ha
conservado la fe porque no se ha limitado a defenderla, sino que la ha
anunciado, irradiado, la ha llevado lejos. Se ha opuesto decididamente a
quienes querían conservar, ‘embalsamar’ el mensaje de Cristo dentro de
los confines de Palestina. Por esto ha hecho opciones valientes, ha ido a
territorios hostiles, he aceptado el reto de los alejados, de culturas
diversas, ha hablado francamente, sin miedo”.
“También aquí, podemos preguntar: ¿De qué manera, en familia,
conservamos nosotros la fe? ¿La tenemos para nosotros, en nuestra
familia, como un bien privado, como una cuenta bancaria, o sabemos
compartirla con el testimonio, con la acogida, con la apertura hacia los
demás?”.
Francisco reconoció que “todos sabemos que las familias, especialmente
las más jóvenes, van con frecuencia ‘a la carrera’, muy ocupadas; pero
¿han pensado alguna vez que esta ‘carrera’ puede ser también la carrera
de la fe? Las familias cristianas son familias misioneras”.
“Ayer hemos escuchado, aquí en la Plaza, el testimonio de familias
misioneras. Son misioneras también en la vida de cada día, haciendo las
cosas de todos los días, ¡poniendo en todo la sal y la levadura de la
fe! Conservar la fe en familia y poner la sal y la levadura de la fe en
las cosas de todos los días”.
El Papa indicó también que “la verdadera alegría que se disfruta en
familia no es algo superficial, no viene de las cosas, de las
circunstancias favorables… la verdadera alegría viene de la armonía
profunda entre las personas, que todos experimentan en su corazón y que
nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenerse mutuamente el
camino de la vida”.
“A la base de este sentimiento de alegría profunda está la presencia de
Dios, la presencia de Dios en la familia, está su amor acogedor,
misericordioso, respetuoso hacia todos. Y sobre todo, un amor paciente:
la paciencia es una virtud de Dios y nos ensena, en familia, a tener
este amor paciente, el uno con el otro. Tener paciencia entre nosotros”.
El Santo Padre remarcó que “solo Dios sabe crear la armonía de las
diferencias. Si falta el amor de Dios, también la familia pierde la
armonía, prevalecen los individualismos, y se apaga la alegría. Por el
contrario, la familia que vive la alegría de la fe la comunica
espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo, es levadura para
toda la sociedad”.
“Queridas familias, vivan siempre con fe y simplicidad, como la
Sagrada Familia de Nazaret. ¡La alegría y la paz del Señor esté siempre con ustedes!”, concluyó.